sábado, 7 de marzo de 2015

Los poderosos también caen…

La sociedad actual, totalmente absorbida por los teléfonos celulares y las redes sociales, tiene dos grandes problemas morales: la ambición desenfrenada por el dinero y la soberbia.  Ambos están causando mucho daño a la población en general, sobre todo, a la unidad familiar y a nuestra juventud que tomará el liderazgo de las naciones en el futuro.

La total ausencia de valores morales y cristianos que deberían regir la conducta diaria de cada individuo, ha distorsionado el razonamiento humano: asignándole un valor muy alto a los bienes materiales y efímeros; y a sentimientos negativos, como la soberbia que lleva a los que la padecen, a creerse superiores a sus semejantes.

Tanto el apego desmedido al dinero como la soberbia, son dos elementos dañinos a la propia persona, a su familia y a la sociedad; puesto que, motivan a cometer toda clase de actos delictivos: hurto, robo, corrupción, falsedad, engaño, blanqueo de capitales, lavado de dinero, enriquecimiento injustificado, hasta asesinatos.

La expresión bíblica: “…los pecadores serán atrapados en su pecado”, contenida en el capítulo 11, del libro de los Proverbios, es una regla invariable, que a través de los tiempos ha demostrado ser verdadera.  Y si usted lo duda, entonces, pregúntele a un montón de ex presidentes latinoamericanos, por mencionar algunos nada más, que han sido denunciados y en buena parte declarados culpables, por una variedad de delitos. 

Ex presidentes como Rafael Ángel Calderón Fournier, José María Figueres Olsen, Miguel Ángel Rodríguez de Costa Rica; Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños de Nicaragua; Alejandro Toledo, Alan García y Alberto Fujimori de Perú; Mireya Moscoso de Panamá; Federico Franco de Paraguay y Alfonso Portillo de Guatemala, tienen algo en común: Todos han sido denunciados por casos de corrupción. Algunos recibieron sentencia de culpabilidad y los demás conocen perfectamente lo que significa estar en el “banquillo de los acusados”. Por supuesto, existe una larga lista de altos funcionarios, empresarios, profesionales “supuestamente exitosos”, vinculados a delitos. En la república de Panamá recientemente condenaron a 60 meses de prisión, a un ex magistrado de la Corte Suprema de Justicia, por los delitos de enriquecimiento injustificado y falsedad de documentos públicos.

“El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto…”Eclesiastés, capítulo 5, verso 10.

El amor al dinero trae malas consecuencias para los que cometen delitos con el afán desmedido de tener cada vez más poder adquisitivo y bienes materiales. Cuando el dinero se obtiene por medio del trabajo y otras fuentes lícitas; es decir, honradamente, tal como lo establecen los preceptos cristianos y los valores morales, todo marcha bien y la familia es feliz. Sin embargo, cuando el amor desenfrenado por los placeres que da el dinero, conducen al individuo a cometer actos delictivos, se perjudica a sí mismo y dolorosamente, arrastra a sus familiares a la destrucción de la familia.

Si usted ama en verdad a su familia, NO les haga daño. Los seres humanos somos débiles y fácilmente nos dejamos arrastrar por lo malo y perverso; es por ello, que debemos reconocer a Dios en nuestra vida cotidiana y pedirle a Él mediante oración que nos guíe siempre. Las tentaciones siempre estarán en el camino; pero, la diferencia entre unos y otros, es que aquellos que oran a Dios diariamente, leen los salmos y están unidos a la familia, tendrán la fuerza para decir No a las tentaciones.

Libro de Daniel, capítulo 4, verso 37 “Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.”

Otro elemento que acompaña a los que ocupan altas posiciones en la administración pública y privada, que buscan llenarse los bolsillos de forma deshonesta, es el pecado capital, llamado “Soberbia”. Esta es la creencia que tiene una persona que es superior a los demás, porque posee poder económico, intelectual, político, social o de otra índole. Y esta falsa idea la lleva a avasallar a los demás, jurando que jamás puede ser alcanzada por la justicia. 

Nabucodonosor representa un rey poderoso de la Edad Antigua, tan lleno de soberbia, que además de hacer con los súbditos lo que su capricho le dictara, fue tan temerario que se atrevió a desafiar al mismo Dios. Al final le ocurrió lo mismo que les está pasando a todos los altos funcionarios públicos y empresarios que roban al pueblo y se creen todopoderosos. La justicia terrenal y divina castigó al rey Nabucodonosor. Éste como muy pocos hacen hoy día, reconoció su falta, cambió su conducta y reconoció a Dios en sus caminos.




Por:
Eric Enrique Aragón                                                                                                                       




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