Es
una tragedia que los mismos seres humanos, arrastrados por la ambición de
poder, dinero y placeres, estén empujando a la humanidad hacia su propia ruina.
Hoy vemos gobiernos podridos por la corrupción, el sucio negocio de las drogas
y el tráfico sexual; ejemplos claros de un lado oscuro que no tiene el menor
respeto por la familia, las creencias religiosas, los valores ni la inocencia
de los niños.
Esta
clase de gente suele presentarse con una careta. Se dicen líderes religiosos,
políticos o civiles que supuestamente defienden la democracia y las libertades.
Pero es una mentira. Es una máscara para engañar al pueblo, perpetuarse en el
poder y seguir lucrando. Estos malos elementos usan el control político, el
dinero y los medios de comunicación para manipular a las masas. Y les resulta
fácil, porque la generación actual vive de forma superficial, sin detenerse a
analizar nada con seriedad. Se repite lo que decían los romanos: “al pueblo,
dale pan y circo”. Así mantienen a la gente adormecida mientras ellos destruyen
todo a su paso.
Pero
ya es hora de que las naciones despierten. Debemos darnos cuenta de que muchos
gobiernos que se venden como “los buenos de la película” son, en realidad, los
villanos. Son ellos quienes fomentan el caos global, los que odian la prensa
libre y los que se benefician económicamente del tráfico hacia otros países de
todo lo negativo, motivando las guerras y el terrorismo para someter a sus
pueblos. Quieren que nadie hable, que nadie se oponga; al que lo hace, lo
marcan como enemigo.
Aunque
muchos quieran negarlo, la moneda de la historia solo tiene dos caras. ¿Estás
con el bien o con el mal? ¿Apoyas a los gobiernos corruptos o a los gobiernos
que de verdad se esfuerzan por llevar bienestar a su gente? ¿Estás con el
desorden y la inmoralidad, o defiendes la unidad y supervivencia de la familia?
¿Proteges a los niños o no? ¿Estás con las naciones libres o con aquellas que
fomentan el autoritarismo disfrazadas de democracia?
Estamos
en una encrucijada donde hay que tomar partido. Solo hay dos caminos: o estamos
con los países que luchan por la libertad, los valores y protegen a la familia,
o estamos con esas naciones que hacen lo opuesto. El mundo se está dividiendo
en dos bloques y de cada uno de nosotros depende la supervivencia del respeto
por las cosas de Dios. Pidamos sabiduría para entender que debemos elegir el
camino de la fe. Digamos NO a los gobiernos corruptos y autoritarios que
fomentan el caos y buscan destruir a la humanidad.




