sábado, 7 de septiembre de 2013

Tanto nadar para ahogarse en la orilla


 A través del tiempo el hombre, incluso en las sociedades más primitivas, ha buscado la forma de expresar sus fracasos, frustraciones, temores, victorias, amores y proezas (expresión popular).

Las leyendas orales que pasaban de padres a hijos en la antigüedad; los músicos y poetas medievales, llamados trovadores; al igual que las obras literarias como Las mil y una noches, recopilación de cuentos del Medio Oriente Medieval; y más cerca de los tiempos actuales, están las rancheras de México. Éstos son algunos ejemplos de ingenio, creatividad e imaginación, que han utilizado los diferentes pueblos como medio de expresión popular.    

No podemos pasar por alto los famosos refranes; es decir,  dichos populares que encierran gran sabiduría. “Tanto nadar para ahogarse en la orilla”, es un refrán muy conocido.

Cuánta decepción causaría un nadador que intente cruzar un río y llegando a la orilla, después de haber superado lo más difícil, se ahogue.  Así ocurre con muchas personas, que al final del camino, tomaron la decisión de no hacer el último esfuerzo. Buscaron la vía corta, lo fácil.  Se colocaron a la orilla del camino a pedir limosnas.

¿Por qué haces eso? Tú no tienes necesidad.  Tú cuentas con grandes dones para llegar a la meta, “a la orilla del río”, ¿Cuáles? La inteligencia, imaginación, creatividad, persistencia, y una voluntad inquebrantable...  Sin embargo, nada cae del cielo. Tienes que descubrir tus fortalezas (habilidades) y desarrollarlas paso a paso.

Casi todos los seres humanos, en alguna etapa de la vida, pretenden alcanzar metas que han fijado.  “Y gran cantidad de gente lucha con sinceridad por alcanzar esos ideales”. Pero, lamentablemente, después de varios años de sacrificio y empeño, tiran todo a la basura…

Cuántos hogares se acaban en un abrir y cerrar de ojos; porque, alguno de los dos o ambos,  consideran que hay ofertas mejores.  ¿Y los hijos…?  No importa lo que digan para justificar la acción. Nunca han querido a sus hijos. Nada más trajeron al mundo a sus vástagos y punto…  Parejas que después de varios años de compartir los momentos buenos y malos, como mandan las Sagradas Escrituras, se separaron. “Se ahogaron cuando estaban cerca de la orilla del río”. ¡Qué dolor!

Por otra parte, están aquéllos que tomaron la firme determinación de ser hombres y mujeres “de bien”; tal como lo señala el primer Salmo de la Biblia: “Bienaventurado el varón que no anduvo en camino de pecadores…”

Se repite la misma historia. Después de varios años de proyectar una imagen ejemplar, tan rápido como el relámpago que cae, sucumbieron ante el desenfreno de la sociedad actual -se dejaron llevar por el consejo de malos.

No cabe la menor duda... Para el hombre y la mujer, es más fácil practicar lo malo que lo bueno.  Lo maravilloso es que aún la mayoría puede enmendar el camino y salvarse de morir ahogado…

“Tenga plena confianza en Dios y jamás deje de luchar por sus ideales"   ¡Vale la pena!





Por:
Eric Enrique Aragón

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