domingo, 9 de octubre de 2016

Tomar decisiones en el momento preciso…

Cualquier ser humano pasa por un momento terrible. Siempre hay un día que se caracteriza por una serie de eventos que originan tristeza, ira, depresión, ansiedad y otros sentimientos que si no se controlan a tiempo podrían tener un efecto dañino en la salud mental, física y emocional.

Veamos algunos ejemplos de sucesos negativos: se saluda a un conocido y no responde o lo hace con grosería, se derrama el café sobre la camisa o el pantalón, ocurre un resbalón, caída o tropiezo. Se percibe cierta agresividad de parte de algún familiar o el cónyuge; no se puede hacer bien un trabajo que siempre se ha realizado. Se siente el cuerpo pesado o un desánimo fuera de lo común. Tal vez las personas no tengan las mismas situaciones; sin embargo, puede estar seguro que todos los eventos negativos se pueden identificar.

Si es importante aclarar que no son problemas que ocurren como consecuencia de malas decisiones o actitudes negativas de parte de los mortales. En este caso es válido que se cumpla el antiguo adagio: “Lo que se siembra se cosecha”.

Son esos días en los cuales “todo sale mal” sin causa justificada. Por más precaución que se tenga o esmero con que se haga una labor “ese día” se vuelve negativo.

Es completamente normal en la existencia humana, que transcurran días malos y días buenos. Así pasan los años de todos los habitantes de la tierra, no importa si son reyes, príncipes, jefes de estado, millonarios o gente común. Es una “Ley de Vida”. Lo importante es actuar con prudencia y sabiduría, cuando vengan los inevitables días malos.

Un buen consejo para usted en los días malos: realizar actividades y desplazamientos que sean estrictamente necesarios; al igual, los contactos humanos deben limitarse para evitar un malentendido o discusión. La malicia, prudencia, tolerancia y paciencia serán los mejores aliados. En cuanto a tomar decisiones: ¡EVÍTELAS!

Las decisiones más inteligentes se toman, cuando se tiene un estado mental y emocional óptimo.




Por:                                                                                                                       Eric Enrique Aragón

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