jueves, 8 de septiembre de 2011

Tolerancia


Sin tolerancia es difícil obtener buenos resultados en un diálogo. La tolerancia es la capacidad que debe tener todo ser humano, para no perder la tranquilidad frente a una expresión o gesto desagradable; o sencillamente, cuando las opiniones de los demás son diferentes.

Ninguna persona que habite en este mundo terrenal, tiene el monopolio de la verdad, la varita mágica o la exclusividad de la sabiduría. Sería un error imperdonable y que iría en contra de la democracia, libertad de expresión, y todos los derechos humanos, pretender imponer una opinión en particular.

Precisamente, la tan preciada sabiduría –y que pocos hallan- se nutre de las distintas corrientes del pensamiento humano. Un requisito fundamental en toda mesa de diálogo: es la bendita TOLERANCIA; sobre todo en aquellas que buscan alternativas de solución a problemas tan complejos como la educación, seguridad y participación ciudadana, reformas a la Carta Magna; pensiones, jubilaciones y atención médica; etc.

En fin, todas las conversaciones que giran en torno a estos asuntos propios–casi en su mayoría- de todos los países occidentales; y que golpean con mayor fuerza a las naciones de América Latina, encuentran una gran barrera en las actitudes intolerantes, egocéntricas y jactanciosas de los participantes y lo peor, es que los representantes del Gobierno, que deben poseer gran capacidad para lograr que todos se pongan de acuerdo, llegando a un punto de equilibrio; son, a veces, los primeros que representan la “manzana de la discordia”.

Tolerancia, no significa aceptar todo lo que digan o hagan los demás. Quiere decir que si las ideas de los demás son buenas, entonces, se deben tomar en cuenta para conseguir la mejor solución y que ésta tenga el beneplácito de la mayoría. Y por otra parte, si las opiniones contrarias son negativas o no aportan nada bueno a la mayoría de los afectados, pues, se combaten utilizando la buena oratoria e inteligencia –tal como lo hacían los oradores de la antigua Grecia- y con “gran tolerancia”. ¡Jamás! ¡Jamás! Abandone la mesa de diálogo con soberbia, orgullo y agresividad… Demuestre su inteligencia y su capacidad de persuasión…

Obviamente, no podrá persuadir ni tener sabiduría ni tolerancia, si usted no trata de comprender el punto de vista de los demás. Procure ubicarse en la posición de sus contrarios y entender el origen de las opiniones. Antes de sentarse a dialogar o debatir, prepárese. La preparación comienza con el entendimiento de que todos tienen derecho a expresar sus ideas y cada una es importante. Sea tolerante, y cuando se esté ofuscando: levántese de la mesa, vaya a tomar aire y ¿Por qué no? Haga una oración a Dios…




Por:
Eric Enrique Aragón

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