miércoles, 24 de noviembre de 2010

Nos pide ayuda a gritos ¡Sálvela!

No se trata de una telenovela ni de una película. Esto va más allá... Tiene que ver con la convivencia del ser humano, con nuestra conciencia, con nuestra fe cristiana, con nuestra propia familia.
Pide ayuda desesperadamente, porque se extingue como aquella vela que se enciende, en medio de una noche lluviosa y oscura, y que nadie quisiera que se acabara; puesto que representa la inapreciable luz que necesitamos...
En ese crítico momento descubrimos el gran valor que tiene una simple vela, que quizás estuvo abandonada, llena de polvo, en un rincón de la casa; y que si no fuese por esa oscura y deprimente noche, ni siquiera nos hubiésemos dado cuenta de que existía...
Cuánta falta nos hace y todos somos culpables de que se extinga. A pesar de que conocemos su gran valor, no hacemos nada para rescatarla. Simplemente la ignoramos... La despreciamos y la pisamos... La vemos ahogarse y miramos para el otro lado... No nos importa que ella sea imprescindible en nuestras vidas, para mantener una mejor convivencia humana.
¡Nos burlamos de ella! ¡Oh! Hasta cuando vamos a continuar con esa actitud negativa...
¿A dónde está nuestra fe cristiana? ¡Por favor! Hagamos un alto en esta NAVIDAD... Dios lo apreciará mucho... ¡Él nunca olvida!
"LA SOLIDARIDAD" nos pide ayuda a gritos... La solidaridad es sentir el dolor de los demás... Analizar en qué podemos ayudar a las personas que necesitan algo positivo; ya sean palabras de esperanza y de fe... Un poco de comida, un empleo digno y decente; o un poco de comprensión y tolerancia.
Simplemente la SOLIDARIDAD significa pensar en los demás.... Llevarles -aunque sea- un poquito de ayuda material o espiritual... ¡ Hágalo en esta navidad y le aseguro que tendrá un mejor año nuevo!
Este es un digno ejemplo de SOLIDARIDAD HUMANA:
"En aquellos días como había una gran multitud, y no tenían que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Tengo compasión de la gente, porque hace tres días que están conmigo y no tienen que comer. Y si los enviase en ayunas a sus casas, se desmayarán, pues algunos de ellos han venido de lejos. Tomó los siete panes y unos pocos pececillos, y los bendijo. Todos comieron y se saciaron... Y los despidió..."
Evangelio según Marcos, capítulo 8, versículos 1-10.

Por:
Eric Enrique Aragón
24 de noviembre de 2010





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