viernes, 5 de noviembre de 2010

Entre el dolor y la angustia...

Relato de la vida real.

Tal vez para la mayoría de las personas es difícil entender ¿Por qué? miles de seres humanos se entregan al abandono o quizás algo peor, toman la decisión de no querer vivir más. Honestamente, para comprender bien lo que sienten estas personas, uno mismo debe experimentar tal situación.

Los evangelistas, inspirados por Dios, no se equivocaron cuando señalaron que la “paga del pecado es la muerte”. Se han repetido hasta el cansancio estas palabras –desde tiempos antiguos- sin embargo, la humanidad hace caso omiso o poco le importa. La familia es lo más sagrado que existe; de modo tal, que si ésta no marcha bien, sus miembros se verán afectados; sobre todo, los hijos podrán crecer con una serie de sentimientos dañinos, que afectarán su vida adulta.

Mi vida es un fiel testimonio del mal que causa un hogar destruido.
A lo largo de mis casi cincuenta años, he tenido que luchar muy duro, para vencer los males que si me persiguieran, estaría sumamente feliz; pero, no es así, ellos viven dentro de mi ser; en esos abismos desconocidos por mi mente consciente. Esas emociones malignas comparten mi diario vivir y jamás podré deshacerme de ellas. Lo único que puedo hacer es evitar que tomen fuerza y me ataquen con toda la crueldad -como ya lo han hecho-.

Crecer sin conocer el calor de una familia, concretamente, el amor de una mamá y un papá, ha sido siempre “mi talón de Aquiles”. He sido sometido a lo largo de mi existencia a los más crueles sentimientos de angustia y dolor. Muchas veces he estado al borde de la total desesperación…Es aquí donde muchos claudican y se entregan al abandono por completo y se llega a pensar que para que vinimos a este mundo. Pues no vemos ninguna esperanza ni salida a nuestra, a veces, infernal angustia o depresión.

Cada ser humano tiene un “talón de Aquiles” en su interior. Es decir algún dolor o sentimiento dañino, por causa de situaciones negativas que todos los mortales tenemos –algunas más duras que otras- pero, nadie es perfecto; siempre hay un sufrimiento que acompaña la existencia imperfecta de la humanidad. ¡Gloria a Dios! Que la mayoría de los semejantes son fuertes y se sobreponen a tales emociones perjudiciales. No obstante, siempre estamos los que somos débiles, por más que aparentemos ser poderosos.

Siempre he podido combatir estas emociones dañinas utilizando algunas tácticas, como por ejemplo, la lectura de temas de motivación, caminar y correr, tratar de conversar con una persona positiva; ver televisión, conversar con mi familia. Pero, es durísimo, cuando a una situación de arrastre (una mala infancia) tenemos que sumarle la falta de estabilidad económica –por falta de trabajo- , la edad que dificulta cada vez más conseguir un empleo; una jubilación que nunca llegará, por que son insuficientes las cuotas pagadas a la Caja de Seguro Social, y una familia que está lejos, porque la inestabilidad económica no permite que estén juntos…En fin, analice todo esto y podrá acercarse, un poco, a la comprensión de los semejantes que optan por el abandono o dejan de creer en Dios…¡Y peor! Pierden el interés por la vida…

Es duro luchar contra una angustia infernal. Uno siente la sensación –literalmente- en la garganta de ahogo. El corazón palpita muy rápido. El llanto no para…Se desea gritar… En ese momento la persona solo quiere acabar con ese dolor… Esto es lo que siente mucha gente…Y por eso deciden ahogar permanentemente sus penas en el alcoholismo, se echan al abandono de sus vidas…Sienten que ya no hay esperanzas…Ni porque vivir…

Lo único que yo les puedo decir es que el llanto y el dolor estarán siempre con nosotros, mientras seamos seres humanos. Sin embargo, jamás dejemos de luchar...

¡No deje de luchar jamás! ¡No se rinda! Y tenga presente en medio del llanto y el dolor, el único que nos puede ayudar es Dios. ¡Por favor! Clame a Él y a su hijo Jesucristo… ¡Pídale ayuda! ¡Pídale ayuda! Grítele ¡Por favor Jesús, ayúdame!
Tú padeciste mis males, cuando estuviste en la tierra… ¡Por favor! ¡Ayúdame!

Por: Eric Aragón








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